Nuestros inicios
¿Qué entendemos por existencial?
Al hablar de existencial, nos referimos a la existencia humana como la condición de estar vivos y conscientes de ello. Entendemos la existencia como el desarrollo de la vida humana en su historia, incluyendo todas las experiencias, acciones y circunstancias que enfrentamos. La existencia abarca aspectos biológicos, psicológicos, sociales y culturales, y el ser humano es único en su capacidad de construir su vida a partir de un proyecto personal y social elegido.
Es importante aclarar que, aunque usamos el término «existencial», no nos adherimos al existencialismo como corriente filosófica. Esta corriente, desarrollada en el siglo XX, exploró temas como la libertad, la responsabilidad y la búsqueda de sentido ante la falta de un significado intrínseco en el mundo. Si bien compartimos algunos puntos, nos alejamos de ciertos aspectos, como el pesimismo existencial, el individualismo extremo y la abstracción filosófica.
Para nosotros, lo existencial implica una visión integradora y positiva de la vida humana, centrada en la autenticidad y el propósito.
Las tres dimensiones
Nuestro modelo se basa en tres dimensiones fundamentales y esenciales del ser humano, que toda persona debe contemplar para vivir una vida plena: la dimensión efectiva, la afectiva y la de perspectiva. Cada una de estas dimensiones responde a necesidades básicas que requieren habilidades específicas para ser satisfechas, y al hacerlo, nos brindan una retribución valiosa.
Al integrar estas dimensiones en nuestra vida, desarrollamos un tipo de inteligencia, la inteligencia existencial, que nos permite gestionar cada aspecto de manera auténtica y profundamente humana.
Dimensión Efectiva
Esta dimensión responde a nuestras necesidades básicas de seguridad y subsistencia, como el acceso a alimentos, vestimenta, refugio y salud.
Para satisfacer estas necesidades, desarrollamos habilidades tácticas y operativas que nos permiten cumplir objetivos de manera eficiente y responsable.
En el ámbito laboral, esta dimensión se traduce en una compensación monetaria, que nos da la libertad de elegir cómo y dónde vivir, y construir una vida a nuestra medida.
Dimensión Afectiva
Más allá de lo material, los seres humanos necesitamos sentirnos bien y parte de un grupo, con vínculos significativos que nos aporten satisfacción y reconocimiento.
Para ello, empleamos habilidades emocionales y relacionales, que nos ayudan a gestionar nuestras emociones y a interactuar de forma saludable con otros y con nuestro entorno.
En el trabajo, esta dimensión se refleja en una compensación emocional, es decir, en la satisfacción que obtenemos al sentirnos valorados y motivados.
Dimensión de Perspectiva
Finalmente, para experimentar una vida plenamente humana, necesitamos sentir que lo que hacemos tiene sentido y contribuye a algo más grande.
Esto requiere habilidades estratégicas y cognitivas que nos permiten ver más allá de lo inmediato, planificar y proyectar nuestra vida hacia un propósito.
En el ámbito laboral, esta dimensión se manifiesta en una compensación trascendental, cuando el trabajo que realizamos es significativo para nosotros y para los demás, dándonos una sensación de contribución y trascendencia.
Estas tres dimensiones deben integrarse para una experiencia plenamente humana y auténtica. Nuestro enfoque es desarrollar estas habilidades en cada persona para que construya una vida laboral y personal que realmente valore y ame, transformando así cada aspecto de su existencia en algo significativo.
EfectivaHacer
- Necesidad
- Fisiológica / Seguridad
- Habilidad
- Táctica / Operativa
- Inteligencia
- Práctica
- Recompensa
- Salario monetario
AfectivaSentir
- Necesidad
- Bienestar / Pertenencia
- Habilidad
- Emocional / Relacional
- Inteligencia
- Emocional
- Recompensa
- Salario emocional
PerspectivaPensar
- Necesidad
- Realización / Contribución
- Habilidad
- Estratégica / Significación
- Inteligencia
- Cognitiva
- Recompensa
- Salario trascendental
Necesidades humanas
Seguridad
La seguridad es una necesidad fundamental que va más allá de la supervivencia básica. Significa tener la certeza de que contamos con lo esencial para prosperar y desarrollarnos plenamente. Esta necesidad abarca la estabilidad laboral, la solidez financiera y el acceso a recursos indispensables como vivienda, ropa, alimentación y atención médica. Hoy, la seguridad también implica tener acceso a un seguro médico, una educación de calidad y tecnología, elementos que se han convertido en componentes esenciales de una vida segura.
Esta sensación de seguridad es la base que proporciona calma y estabilidad, liberándonos de preocupaciones inmediatas y permitiéndonos concentrarnos en nuestro crecimiento personal y social. Es la plataforma que impulsa la confianza para explorar nuevas oportunidades y desafíos.
Bienestar y pertenencia
El bienestar se manifiesta en la experiencia de placer, las relaciones significativas y el sentido de pertenencia a una comunidad. No se trata solo de un deseo superficial, sino de una necesidad humana que fomenta nuestra salud mental y emocional. Este sentimiento de bienestar nos brinda identidad y un apoyo social esencial. Evolutivamente, el placer y el bienestar han servido como señales de que nuestras decisiones favorecen la supervivencia y el desarrollo, como cuando disfrutamos de la comida nutritiva o de conexiones sociales fuertes.
Cuando experimentamos bienestar en nuestras actividades, ya sea en el trabajo o en otras áreas de la vida, nos sentimos más motivados y comprometidos. Esta satisfacción no solo es un motor poderoso, sino también un estímulo para el crecimiento personal, llevándonos a buscar nuevos retos y aprender constantemente.
El deseo de bienestar se entrelaza con la necesidad de pertenencia, que implica más que solo ser parte de un grupo: es sentirnos reconocidos y valorados, sabiendo que nuestra contribución es importante. Esta conexión fortalece nuestro sentido de identidad y nos proporciona seguridad y apoyo en tiempos de cambio.
Realización y contribución
La realización personal va de la mano con la contribución. Sentimos que nuestras acciones tienen verdadero significado cuando nos permiten experimentar plenitud y, al mismo tiempo, impactar positivamente en la vida de los demás. Este deseo de dejar una huella, de marcar una diferencia, es lo que define nuestra necesidad de contribución.
Cuando alcanzamos la realización y sabemos que nuestras acciones benefician a otros, encontramos un propósito claro que nos motiva y nos inspira. Esto nos lleva a uno de los deseos más profundos del ser humano: la felicidad. La realización y la contribución nos conectan con un sentido de propósito que trasciende lo personal y enriquece tanto nuestra vida como la de quienes nos rodean.
Habilidades humanas
Táctica / Operativa
Uno de los imperativos fundamentales del ser humano es responder a necesidades vitales que aseguren su subsistencia, un imperativo que denominamos la necesidad esencial de seguridad. Para satisfacerla, desde las primeras comunidades humanas que se aventuraron en la caza para alimentarse, el ser humano ha tenido que cultivar una habilidad efectiva: la capacidad humana de llevar a cabo acciones, tareas y responsabilidades de manera eficiente y efectiva, con el objetivo de satisfacer necesidades concretas.
La habilidad efectiva puede desarrollarse mediante los siguientes accionables:
- Establecimiento de objetivos claros, concretos y medibles: como los OKR (Objetivos y Resultados Clave), que guíen las acciones y proporcionen un marco para evaluar su progreso y éxito.
- Designación de roles y responsabilidades: determinar quién hará qué, asegurando que cada tarea esté cubierta por alguien con las habilidades y los conocimientos adecuados.
- Análisis de prioridades para comenzar a ejecutar: evaluar qué tareas son más urgentes o importantes y abordarlas primero, de acuerdo con las necesidades del negocio. Esto puede basarse en plazos, impacto potencial o cualquier otro criterio relevante.
- Análisis de costos y viabilidad: antes de iniciar cualquier tarea o proyecto, es indispensable evaluar los costos asociados, ya sean financieros o de capacidad del equipo.
- Aseguramiento de los recursos básicos y necesarios: prever, identificar y obtener todos los recursos (materiales, financieros y humanos) que se necesitarán para llevar a cabo una tarea o un proyecto.
- Organización de las tareas a realizar: determinar qué tareas son necesarias, en qué orden deben realizarse y qué recursos se requieren. Esto también implica la creación de listas y agendas, y la generación de registros que documenten el proceso y los resultados.
- Administración del tiempo: disponer del tiempo de manera eficaz para garantizar que cada tarea reciba la atención necesaria. Esto puede incluir la gestión de horarios y rutinas, el establecimiento de plazos y la asignación de tiempos específicos para tareas u objetivos puntuales.
- Evaluación periódica del rendimiento: identificar oportunamente áreas para el cambio y anticipar y mitigar riesgos potenciales, garantizando así un desempeño óptimo a lo largo del tiempo.
Emocional / Relacional
A diferencia de las máquinas o los robots, el ser humano tiene una necesidad innata de encontrar placer, motivación y satisfacción en lo que hace, persiguiendo un bienestar individual pero también una conexión social en cada acción que emprende. Incluso en las tareas más solitarias, nuestra naturaleza nos impulsa a situarnos en un contexto social.
Buscamos constantemente un sentido de pertenencia y un marco de referencia que nos conecte con otros, lo que reafirma nuestra naturaleza gregaria y nuestra necesidad de ser parte de un colectivo o «manada».
Para satisfacer esta búsqueda de bienestar y conexión social, es esencial que el ser humano despliegue una habilidad intrínsecamente humana: la habilidad afectiva y social. Es la capacidad que le permite relacionarse, comprender a los otros y ser comprendido por ellos, y crear así lazos que fortalecen su identidad en un entramado social.
La habilidad afectiva es una de las capacidades más distintivas y esenciales que poseemos. Nos permite establecer, mantener y comprender las relaciones interpersonales, así como gestionar nuestras emociones y las de los demás. Incluye ser empáticos, lo cual significa tener la capacidad de ponernos en el lugar del otro para entender sus sentimientos, perspectivas y necesidades. En síntesis, es el pilar fundamental para establecer relaciones genuinas y profundas.
Además, la habilidad afectiva es esencial para nuestra supervivencia y bienestar. Desde tiempos ancestrales, nuestra capacidad para cooperar y vivir en comunidad ha representado una ventaja evolutiva. En el mundo moderno, donde las interacciones son más complejas y diversas, esta habilidad se vuelve aún más crucial para nuestra salud mental y emocional, así como para nuestro éxito en múltiples ámbitos de la vida.
La habilidad afectiva nos proporciona una regulación emocional al permitirnos reconocer, entender y gestionar nuestras emociones, y ayudar a otros a hacer lo mismo. Sin esta habilidad, es imposible trabajar en equipo y colaborar con otros, aportando al grupo y reconociendo el valor de cada uno.
También es fundamental para la resolución de conflictos, lo que implica identificar desacuerdos, entender las perspectivas involucradas y encontrar soluciones mutuamente beneficiosas. La habilidad afectiva nos otorga adaptabilidad social, permitiéndonos ajustarnos a diferentes contextos y grupos sociales, entendiendo y respetando sus normas y dinámicas.
Es la base de la construcción de relaciones interpersonales saludables y significativas, cimentadas en la confianza, el respeto y la reciprocidad. Nos faculta para expresar nuestras necesidades, deseos y límites de manera clara y respetuosa, sin agredir a nadie ni someternos, a la vez que para apreciar y validar las emociones y contribuciones de los demás.
Podemos ver desarrollada esta habilidad en los siguientes accionables:
- Escucha activa: prestar atención plena a lo que alguien está diciendo, sin interrumpir y sin estar pensando en cómo responder; es el acto de estar verdaderamente presente en una conversación.
- Expresión de empatía: reconocer y validar los sentimientos de otra persona, y poder ponerse en su lugar, aun sin haber atravesado la misma situación.
- Ofrecer apoyo: sostener una presencia constante o demostrar apoyo incondicional a alguien en situaciones difíciles, ofreciendo una escucha atenta, palabras alentadoras o ayuda concreta.
- Trabajo en equipo: cooperar con otros hacia un objetivo común, respetando las opiniones y habilidades de cada miembro del grupo.
- Negociación: buscar soluciones mutuamente beneficiosas en situaciones de desacuerdo o conflicto.
- Establecimiento de límites: comunicar de manera clara y respetuosa las propias necesidades y límites en una relación o situación.
- Celebración de logros ajenos: reconocer y felicitar a alguien por sus logros o su buen desempeño.
- Pedir disculpas: reconocer errores o malentendidos y ofrecer una disculpa sincera y a tiempo.
- Adaptación a diferentes contextos sociales: ajustar el comportamiento según la persona y el ambiente en el que uno se esté desenvolviendo; calibrar el posicionamiento personal frente a los demás.
- Ofrecer feedback constructivo: proporcionar retroalimentación de manera positiva y útil, enfocándose en cómo se puede mejorar en lugar de simplemente criticar.
- Participación en actividades comunitarias: involucrarse en eventos o proyectos que beneficien a la comunidad, mostrando un sentido de responsabilidad y conexión con los demás.
- Reconocer las emociones en otros: ser capaz de identificar y entender las emociones de los demás a través de sus palabras, su tono de voz o su lenguaje corporal.
Estratégica / Significación
Para que una actividad alcance su máxima expresión en términos humanos, no basta con que su ejecución sea eficaz ni con que ofrezca una recompensa emocional adecuada. También es esencial que la persona pueda infundir un sentido trascendente a lo que realiza: lo que hacemos debe resonar en nuestro interior y así adquirir un significado profundo que trascienda la mera acción.
Esta profundidad se magnifica cuando lo que hacemos no solo tiene significado para nosotros, sino que también se convierte en algo valioso para otros. Es en este punto donde experimentamos una de las satisfacciones más elevadas del ser humano: la sensación de trascendencia, de dejar una huella en el mundo y en la vida de los demás.
Para alcanzar este grado de trascendencia y significado en nuestras acciones, es esencial poseer una habilidad distintiva del ser humano: la habilidad de perspectiva. Esta capacidad nos permite no solo enfocarnos en el aquí y ahora, sino también visualizar y entender el panorama completo, el big picture.
Es gracias a esta visión holística que podemos trazar estrategias, asignar un propósito que va más allá de lo inmediato y comprender cómo cada acción individual se alinea con un objetivo mayor. Esta comprensión amplia nos coloca en una posición única para abordar tareas específicas con un compromiso y una determinación renovados, sabiendo que cada paso que damos nos acerca al logro de una meta significativa y trascendental.
Podemos ver desarrollada esta habilidad en los siguientes accionables:
- Conexión con un propósito mayor: la atribución de sentido a menudo implica conectar nuestras acciones y experiencias con un propósito o una misión más grande en la vida. Esto nos da una dirección y un motivo para seguir adelante, especialmente en tiempos difíciles.
- Reflexión y autoconciencia: la capacidad de reflexionar sobre uno mismo y ser consciente de los propios pensamientos y sentimientos es esencial para atribuir sentido. Nos permite cuestionar, reevaluar y ajustar nuestras creencias y nuestros valores a lo largo del tiempo.
- Interpretación de experiencias: cada persona interpreta y da sentido a sus experiencias basándose en sus valores, creencias y vivencias pasadas. Por ejemplo, enfrentar un desafío puede ser visto como una oportunidad de crecimiento para algunos, mientras que otros lo pueden percibir como un obstáculo insuperable.
- Reconstrucción narrativa: con frecuencia construimos narrativas o historias sobre nuestras vidas, eligiendo qué eventos destacar y cómo interpretarlos. Estas narrativas nos ayudan a entender quiénes somos y cuál es nuestro lugar en el mundo.
- Conexión con los demás: nuestro sentido de propósito y pertenencia se nutre de nuestras relaciones e interacciones con los demás. Ejercer roles significativos en la vida de otros, como el de padre, amigo o compañero de trabajo, o contribuir al bienestar de la comunidad o la sociedad, nos brinda dirección y significado.
- Evaluación holística: al evaluar una situación en un marco de referencia más amplio, no solo nos centramos en el evento que nos ocupa, sino que también consideramos cómo se relaciona con eventos pasados y posiblemente futuros.
- Búsqueda de información: antes de tomar decisiones, buscamos información adicional para asegurarnos de elegir la mejor solución posible, considerando todas las variables disponibles.
- Búsqueda de soluciones permanentes: esta habilidad nos lleva a no buscar soluciones temporales o de corto plazo, sino a encontrar respuestas replicables y sostenibles en el tiempo, aprendiendo de cada experiencia y aplicando ese aprendizaje en situaciones futuras.
- Uso de metáforas: apelar a imágenes o símbolos para interpretar una situación es una forma de contextualizarla y darle sentido a lo que vivimos.
Inteligencias humanas
El entrenamiento existencial tiene como objetivo principal capacitarnos para construir una existencia auténtica: una vida que refleje lo que pensamos y valoramos, lo que deseamos y nos apasiona, y que sea capaz de concretarse a través de decisiones y acciones que configuren nuestro día a día.
Para lograrlo, es necesario desarrollar un tipo específico de inteligencia, que llamamos inteligencia existencial, capaz de ayudarnos a enfrentar el desafío de integrar coherentemente las dimensiones fundamentales de nuestra existencia humana en una vida con:
- SentidoPerspectiva
- PasiónAfectiva
- ConcreciónEfectiva
Es decir, una existencia auténtica.
Inteligencia existencial
Existe una definición clásica de inteligencia existencial que se refiere a la capacidad de una persona para reflexionar profundamente sobre cuestiones relacionadas con la existencia humana, la vida, el propósito, la moralidad y los temas fundamentales de la existencia. Sin negar lo que propone esta primera definición, presentamos una reformulación del sentido y del alcance de este tipo de inteligencia.
Antes de avanzar, conviene aclarar qué decimos cuando hablamos de existencia. La existencia humana puede comprenderse como la condición mediante la cual los seres humanos somos-en-el-mundo: habitamos una realidad concreta, la percibimos a través de los sentidos, nos vinculamos con otros y con el entorno, y desarrollamos una conciencia de nosotros mismos y de la situación que vivimos. Esta condición no es estática, sino dinámica, y se despliega en la manera singular en que cada persona y grupo humano se sitúa frente a su propia realidad.
Esta conciencia no se limita a percibir lo que ocurre, sino que nos permite reflexionar sobre la experiencia y orientarnos en ella. Gracias a esto, podemos darle sentido a lo que vivimos, reconocernos como personas capaces de decidir y asumir responsabilidades, y proyectar nuestra vida a partir de valores, elecciones fundamentales y aquello que consideramos importante. Desde este lugar se configura tanto el proyecto personal como nuestra manera de participar en la vida social.
En este sentido, la existencia integra de manera inseparable las capacidades de pensar, sentir y actuar, junto con la posibilidad de elegir, comprometernos y reflexionar sobre la propia vida y su significado. Gracias a esta integración, el ser humano no solo vive los acontecimientos que le suceden, sino que puede participar activamente en la configuración de su propia existencia y en la construcción de la vida comunitaria.
Para comprender qué entendemos por inteligencia existencial, puede resultar útil partir de una analogía conocida. Cuando afirmamos que una persona posee inteligencia emocional, no nos referimos simplemente a que tenga conocimientos sobre las emociones, sino a que, al comprenderlas, es capaz de gestionarlas de manera adecuada para orientarse y actuar en la vida cotidiana.
De modo similar, una persona con inteligencia existencial no es simplemente alguien que encuentra respuestas a los grandes interrogantes de la vida, sino quien logra comprender su propia experiencia y el sentido de lo que le acontece. A partir de esa comprensión, puede reconocer y regular su mundo emocional, tomar decisiones coherentes y traducir en acciones concretas aquello que piensa y siente, configurando así una existencia valorada, querida y concreta para sí misma y para otros.
La inteligencia existencial, por lo tanto, no se limita a una comprensión teórica de la vida, sino que se manifiesta en la manera en que una persona decide y actúa en su vida cotidiana. Se expresa en elecciones concretas y en modos de responder a las situaciones que atraviesa, manteniendo coherencia entre lo que piensa, siente y hace, tanto en el plano personal como en su forma de vincularse y actuar con otros.
Es en la vida cotidiana donde esas decisiones y acciones van configurando una historia personal y compartida. Desde esa historia vivida, la persona puede reconocer si la existencia que ha construido es coherente con sus valores y deseos fundamentales, y si puede sentirse orgullosa de una vida que considera auténtica y valiosa para sí misma y para la comunidad de la que forma parte.
En este sentido, la inteligencia existencial se centra en la capacidad de articular tres dimensiones humanas esenciales, poniendo en juego habilidades fundamentales para dar respuesta a necesidades igualmente esenciales. Esta articulación permite construir una existencia que responda a:
- Lo que considero valiosoPerspectiva
- Lo que realmente deseo y quieroAfectiva
- Lo que finalmente puedo concretarEfectiva
La forma en que vivimos constituye un indicador claro del nivel de desarrollo de nuestra inteligencia existencial. Cuanto mayor es esta capacidad de articulación y coherencia, mayor será también la autenticidad y la plenitud con las que una vida es vivida.
Desde esta perspectiva, puede afirmarse que la inteligencia existencial supone la integración de tres inteligencias básicas, entendidas como habilidades o capacidades centrales propias de cada dimensión, que permiten responder de manera ajustada y responsable a las necesidades esenciales de la existencia humana.
Inteligencia práctica
Es la capacidad de impactar la realidad: ejecutar, organizar y materializar lo que pensamos y deseamos. Obtenemos como retribución una experiencia de productividad.
Inteligencia emocional
Es la capacidad de conocer y gestionar nuestras emociones y de vincularnos con los demás. Obtenemos como retribución una experiencia de placer, estímulo, pertenencia y validación emocional.
Inteligencia cognitiva
Es la capacidad de ir más allá de lo inmediato: conceptualizar, significar, proyectar, planificar y trascender. Obtenemos como retribución una experiencia de significatividad, impacto y trascendencia.
Recompensas
Hemos explorado las necesidades esenciales del ser humano y las habilidades fundamentales que poseemos para satisfacerlas. Ahora nos preguntamos: ¿cómo traducimos todo esto en el contexto de una empresa? ¿Cómo lo entrelazamos en el tejido de la vida laboral?
Salario monetario
Comenzamos con la forma más palpable y directa de recompensa en el ámbito laboral: la retribución monetaria. Esta no es simplemente una cifra que se refleja en una transferencia bancaria; representa también el reconocimiento tangible del valor que una persona aporta a través de su trabajo y de la responsabilidad que asume dentro de la organización.
La retribución monetaria incluye no solo el salario base que se recibe regularmente, sino también una serie de incentivos variables, tales como bonificaciones por desempeño, comisiones y acciones, así como beneficios adicionales como programas de salud y planes de pensiones, entre otros.
Para una empresa existencial, la retribución monetaria va más allá de ser una simple transacción; representa un reconocimiento fundamental de la contribución individual de la persona. Por un lado, el salario actúa como compensación monetaria; por otro, se convierte en una herramienta que permite a los trabajadores moldear y definir sus propias vidas. De hecho, en su pura potencialidad, el dinero posibilita decidir cómo, dónde y con quién vivir, otorgando la libertad de construir la propia narrativa y legado.
Por tanto, en una empresa existencial, el salario no es meramente una compensación sino también una afirmación del valor y potencial de cada persona. Además, es un medio para alcanzar la máxima realización posible tanto a nivel personal como profesional.
Toda política de compensación integral debería incluir el salario mensual y, además, involucrar al trabajador en el desarrollo a mediano y largo plazo de la empresa; por ejemplo, otorgándole opciones sobre acciones. Cuando una empresa crece, sus empleados deben crecer con ella: esto es lo que caracteriza a una empresa genuinamente existencial.
El salario monetario puede incluir:
- Salario base: la remuneración mensual, que refleja el rol, la seniority, la responsabilidad y la contribución inmediata a la empresa.
- Beneficios a corto plazo: bonos o comisiones vinculados a metas individuales, de equipo o de la empresa en su conjunto, que incentivan el rendimiento y la superación de objetivos.
- Beneficios a mediano plazo: bonos anuales y participación en las ganancias.
- Beneficios a largo plazo: opciones sobre acciones u otros instrumentos financieros que alientan a los miembros a invertir su futuro en la empresa. Al ofrecer una participación en el crecimiento y éxito futuro de la empresa, se da una razón tangible para comprometerse con la visión a largo plazo de la organización.
- Seguros médicos y otros beneficios: aunque no son directamente monetarios, suelen traducirse en un beneficio económico al cubrir gastos que, de otra manera, tendría que asumir el trabajador.
Salario emocional
En el ámbito laboral, la compensación trasciende el salario monetario e incluye lo que denominamos salario emocional. A diferencia de las máquinas, los seres humanos necesitamos algo más que una retribución financiera para sentirnos realizados en nuestro trabajo. Buscamos disfrutar de nuestras actividades, hallar placer y satisfacción en las tareas diarias, y sentir que formamos parte esencial de un equipo o una comunidad. El salario emocional atiende a nuestras necesidades humanas fundamentales de bienestar y pertenencia.
Muchas empresas modernas han reconocido la importancia de este tipo de compensación y la han incorporado en sus estrategias de retención de talento, ofreciendo beneficios como flexibilidad laboral, oportunidades de desarrollo profesional, reconocimiento y un ambiente laboral favorable, para satisfacer las necesidades emocionales de su gente.
Enfrentamos entonces un reto delicado. Si el salario emocional es insuficiente o se ofrece «por defecto», sin un diseño cuidadoso y ético que lo avale, las necesidades emocionales y sociales de los miembros de la empresa no serán atendidas, dificultando así sostener una apuesta legítimamente humana en el tiempo.
Por otro lado, un enfoque excesivo en el salario emocional puede generar lo que podríamos llamar una burbuja de irrealidad, donde los abundantes beneficios y gratificaciones emocionales se convierten en una estrategia de retención potencialmente manipuladora.
Esta estrategia podría llevar a que los empleados descuiden el desarrollo de sus entornos personales al sentirse cautivados por el estilo de vida que la empresa les ofrece, un estilo que probablemente no podrían replicar en sus contextos personales. En última instancia, esta situación podría generar una dependencia de la compañía tan grande que, si los empleados decidieran dejarla, sentirían que están abandonando su propia vida. Esta dependencia no es solo insostenible, sino que también plantea serias preguntas éticas sobre la naturaleza del compromiso entre el empleado y la empresa.
Algunos puntos que conforman un salario emocional:
- Flexibilidad horaria: adaptación del horario laboral a las necesidades personales, lo que permite integrar el trabajo en las condiciones concretas de la persona.
- Flexibilidad de lugares de trabajo: ofrecer la opción de trabajar desde diferentes ubicaciones, incluyendo el hogar.
- Reconocimiento y valoración: celebrar y reconocer la contribución de cada miembro, de sus equipos y de los logros como compañía.
- Ambiente de trabajo: proporcionar un ambiente laboral agradable y estimulante.
- Eventos de team building: diseñar actividades para fomentar la colaboración y cohesión del equipo.
- Participación y sentido de pertenencia: involucrar a los trabajadores en la toma de decisiones y tener en cuenta sus aportes y necesidades.
- Comunicación abierta: crear un espacio seguro y respetuoso de la disidencia y las diferencias.
- Actividades sociales y apoyo familiar: integrar a familiares y amigos mediante un compromiso real y sostenido en el tiempo.
Salario trascendental
En última instancia, la experiencia humana alcanza su máxima expresión no solo cuando se satisfacen las necesidades básicas de seguridad, bienestar y pertenencia, sino también cuando se reconoce el anhelo intrínseco de trascendencia. Cada persona busca dejar un legado duradero, una huella en el mundo que la rodea.
Este deseo de trascendencia puede manifestarse de diversas maneras: desde la creación de una familia y el nacimiento de hijos, hasta la realización de obras significativas en cualquier esfera de la vida. El anhelo de trascendencia constituye una de las motivaciones más profundas del ser humano y es esencial para comprender la plenitud de la experiencia humana.
Trascendemos cuando lo que somos y hacemos adquiere significado tanto para nosotros mismos como para los demás, proporcionando un sentido de utilidad y contribución que supera nuestra existencia individual y se traduce en un impacto duradero en el mundo.
A su vez, la búsqueda de un significado más profundo responde a una dimensión única en el ser humano: la dimensión trascendente. Esta dimensión excede cualquier sistema de creencias específico y se manifiesta en formas variadas a lo largo de la historia y en todas las culturas.
Las personas han buscado siempre, ya sea a través del arte, la ciencia, la filosofía o la acción social, formas de trascender su existencia individual y conectarse con algo más grande que ellas mismas. La dimensión trascendente no conoce fronteras geográficas, contextos culturales ni sistemas de creencias; es un aspecto intrínseco y universal del ser humano.
Además, la búsqueda de trascendencia no se limita a la introspección; implica también un compromiso activo con el mundo exterior. Lo que es significativo para uno adquiere plena relevancia cuando también resuena con otros. Por esta razón, esta búsqueda involucra un encuentro comprometido con la realidad que nos rodea.
En el ámbito empresarial, abordar esta dimensión intrínsecamente humana representa quizás el desafío más complejo, pero también el más esencial, si aspiramos a que la vida laboral sea una experiencia auténticamente humana.
Crear las condiciones, los espacios y los medios que permitan desplegar esta dimensión trascendente en una empresa es la única manera de permitir que emerja este impulso humano fundamental. El desafío radica en generar y promover espacios de escucha que faciliten un proceso de discernimiento de cada experiencia humana, la cual está en constante dinamismo y cambio, tanto a nivel individual como de equipo y de empresa.
Por lo tanto, el salario trascendental es la recompensa que cada miembro de la empresa obtiene al construir una experiencia de entrega laboral significativa, tanto para sí mismo como para los demás. Esto ocurre cuando puede integrar activamente sus deseos, necesidades, anhelos, miedos y búsquedas.
Si bien toda institución tiene un límite para dar cabida a los requerimientos existenciales de sus integrantes, ofrecerles la posibilidad de construir sentido y de integrar los impulsos de trascendencia quizás sea la única forma de que la experiencia laboral se convierta en una experiencia auténticamente humana.
Por otra parte, una empresa garantiza el salario trascendental de sus miembros cuando custodia tanto lo que hace como la manera en que lo hace. Por ende, su misión y visión deben acompañarse de decisiones comerciales que contribuyan positivamente al mundo, ya que la opción ética es el único marco dentro del cual la compañía puede garantizar un salario trascendental.
Asimismo, al momento de ingresar en una empresa, es clave que el trabajador se pregunte con honestidad si lo que la compañía realiza, y el modo en que lo hace, se alinean con sus opciones personales fundamentales y sus deseos específicos de contribución al mundo.
Algunos puntos para considerar al definir un salario trascendental:
- Oportunidades de desarrollo integral a largo plazo: ofrecer trayectorias claras y motivadoras para el crecimiento profesional y personal, facilitando espacios que promuevan el progreso en la vida laboral, en armonía con las aptitudes, competencias personales, aspiraciones y posibilidades de cada miembro de la empresa.
- Autoconocimiento: fomentar el reconocimiento de habilidades y talentos, así como de áreas de mejora, permitiendo identificar tanto las fortalezas como los límites y oportunidades de mejora.
- Impacto positivo: contribuir a proyectos que tengan una influencia positiva, no solo dentro de la empresa sino también en la comunidad.
- Propósito alineado: descubrir el sentido de propósito propio y alinearlo con la misión de la empresa para generar una experiencia laboral auténtica y significativa, con un impacto considerable.
Estilos de trabajo
Cada combinación de recompensas da lugar a un estilo de trabajo distinto. Solo cuando las tres se integran aparece el trabajo existencial.
Trabajo no rentable
Recompensa afectiva + recompensa de perspectiva
En la combinación del salario emocional con el salario trascendental, nos encontramos frente a una actividad solidaria. En ella, nos unimos a personas con las que compartimos valores y objetivos fundamentales, y emprendemos acciones que poseen un alto grado de significado e impacto en la sociedad, sin tener la expectativa de una compensación económica.
No podemos considerarla «trabajo» en su acepción más específica precisamente porque no incluye una compensación económica.
Trabajo confort
Recompensa efectiva + recompensa afectiva
Existe una segunda intersección de tipos de salario en nuestra experiencia laboral, a través de la cual gozamos de una remuneración adecuada y múltiples beneficios, además de formar parte de una comunidad laboral que nos brinda apoyo y contención. A esto lo llamamos trabajo confort.
Al final del día, no obstante, nos preguntamos si este trabajo tiene un impacto significativo. Surge en nosotros una sensación de vacío: es como si nuestra vida laboral transcurriera sin un propósito claro, como si estuviéramos más enfocados en «matar el tiempo» que en vivir verdaderamente.
Trabajo estoico
Recompensa efectiva + recompensa de perspectiva
La combinación de salario trascendental con salario monetario genera un trabajo estoico, cuya retribución económica es buena y cuya apuesta es significativa, pero que resulta difícil de sostener en el tiempo por no ofrecer bienestar emocional. Por ello, no es ni sostenible ni sustentable.
Es un empleo similar al de una misión en la Antártida, donde la remuneración es atractiva y el trabajo proporciona un sentido de propósito personal y reconocimiento social. Sin embargo, el ambiente es sumamente riguroso y las condiciones, difíciles de mantener a largo plazo. La intensidad y las demandas del trabajo pueden llevar al agotamiento, al estrés y a una disminución de la calidad de vida, haciéndolo inviable a largo plazo.
Muchas veces aceptamos una exigencia laboral agotadora y, en ocasiones, alienante porque nos ofrece capacitación especializada, una posibilidad de ascenso o la promesa de poder ahorrar para invertir en un futuro proyecto personal.
Sin embargo, la única manera de conservar un empleo de estas características durante un plazo considerable es iniciarlo con la clara conciencia de que será por un período limitado. En muchos casos, es el cuerpo el que termina estableciendo el límite, ya sea a través de una enfermedad física, un tipo particular de agotamiento, un deterioro de la salud mental, o un estado emocional en el que el estrés y las presiones constantes llevan a la sensación de no poder más.
Trabajo existencial
Recompensa efectiva + recompensa afectiva + recompensa de perspectiva
Llegamos así a una experiencia laboral en la que todas nuestras necesidades esenciales se satisfacen al menos en un nivel básico. Tenemos la oportunidad de aplicar todas nuestras habilidades fundamentales y, a cambio, recibimos una compensación adecuada por nuestras contribuciones.
Un trabajo existencial se materializa verdaderamente cuando en la experiencia laboral se cumplen las siguientes condiciones:
- Compensación efectiva: el trabajador tiene la oportunidad de asumir responsabilidades significativas y llevar a cabo tareas que aportan un valor tangible a la empresa. Además, puede desplegar sus habilidades y competencias de manera efectiva y contribuir así al crecimiento de la organización. A cambio, recibe una remuneración monetaria que satisface su necesidad fundamental de seguridad.
- Compensación afectiva: la cultura organizacional actúa como un catalizador que permite al trabajador sentirse no solo estimulado sino también valorado y parte integral del proyecto empresarial. Al identificarse con la misión y visión de la empresa, asume una actitud apasionada y comprometida en todas las actividades que emprende. Como consecuencia de la aplicación de sus habilidades afectivas y sociales, recibe un salario emocional: una compensación que satisface necesidades humanas fundamentales, como sentir estímulo y un fuerte sentido de pertenencia.
- Compensación trascendental: la empresa destina tiempo y espacios para que cada miembro y cada equipo puedan fraguar el sentido profundo de sus acciones. La empresa transmite y contagia su visión en todos los niveles de la organización, calibrando de este modo las apuestas de todos sus integrantes en pos de la misma misión común.
Este contexto cultural crea condiciones que favorecen la colaboración en equipo, el compromiso con los objetivos de la empresa más allá de los intereses personales, y la promoción de dinámicas que apoyan el desarrollo y el bienestar de las personas y los equipos.
Solo cuando se combinan los tres tipos de salario —el monetario, el emocional y el trascendental— logramos realizar lo que denominamos trabajo existencial: satisfacemos nuestras necesidades básicas y encontramos estímulo en nuestras actividades diarias y, al mismo tiempo, logramos un impacto significativo para nosotros mismos y para el mundo.

